Los niños no necesitan picar después de hacer actividad

Los gemelos de Mariana y Lucas, Gus y Lucía, tienen fútbol los sábados por la mañana. En el equipo, cada semana les toca a unos padres llevar algo de picar y bebidas para tomar después del partido. Generalmente traen refrescos “para deportistas” y algo dulce y alto en grasas como galletas o algo de bollería. Lo cierto es que muchos de los niños pasan casi todo el partido sentidos en el banquillo, y los que juegan tampoco corren tanto, porque hay muchos jugadores en el campo. Mariana y Lucas se desesperan, porque ellos toman con sus hijos un desayuno saludable y equilibrado antes del partido y, al terminar, lo que quieren es volver todos a casa para almorzar en familia. No les parece normal que los niños tengan que tomar ese almuerzo de media mañana, sin haber hecho un ejercicio excesivo.

Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente uno de cada cinco niños y adolescente sufren sobrepeso u obesidad. Se calcula que 378 millones de menores de edad pesan más de lo que deben y, en términos absolutos, esta cifra se ha multiplicado por diez en las últimas cuatro décadas. En 1975, este problema afectaba sólo a un 4% de los niños y adolescentes, pero hoy en día lo sufren casi un 20%. Lo peor es que la obesidad infantil puede provocar diversas causas de discapacidad o incluso llevar a una muerte prematura, con problemas como dificultades respiratorias, mayor riesgo de sufrir fracturas, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y efectos psicológicos.

Todos los estudios dejan claro que la obesidad y el sobrepeso infantiles están estrechamente relacionados con la calidad y la frecuencia del consumo de alimentos. La buena noticia es que, por la misma razón, la obesidad se puede evitar en gran medida modificando qué y cuándo se consumen esos alimentos. En el entorno familiar, los padres y madres pueden reducir el riesgo de sus hijos de sufrir sobrepeso, limitando la ingesta de alimentos altos en azúcares y grasas de baja calidad (como, por ejemplo, el aceite de palma), tomando más fruta, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, así como fomentando que los niños hagan ejercicio de forma regular (al menos una hora al día).

Los padres como Mariana y Lucas hacen una gran labor animando a sus hijos a que hagan ejercicio, jugando al fútbol y participando en más juegos durante el fin de semana. Sin embargo, les preocupa que las merendolas de después de los partidos anulen los beneficios que habían obtenido los niños a través del deporte. Por desgracia, los últimos estudios al respecto confirman sus temores.


Las investigaciones científicas al respecto han mostrado que los aperitivos, los dulces y los refrescos ingeridos por los menores durante o inmediatamente después de realizar actividad física les aportan más calorías de las que han quemado con el ejercicio. Los niños queman una media de 170 calorías cuando practican deporte, pero consumen 123 con el picoteo de después, que mayormente consiste en comida y bebida saturada de azúcares añadidos. Si bien, visto así, no parece una cantidad excesiva de calorías, éstas se acumulan día tras día. Además, ingerir un exceso de calorías después del ejercicio da al traste con el objetivo de que ese ejercicio eliminase otras calorías sobrantes que se habían ingerido en diversos momentos del día.

Los padres tienden a pensar que si sus hijos practican deporte necesitan una dieta especial, pero lo cierto es que para el deporte a nivel recreativo no necesitan ningún aporte alimenticio extra ni comer a deshoras, porque ese nivel de actividad física es, sencillamente, el habitual a su edad. Además, los padres tienden a calcular por lo alto el número de calorías que sus hijos gastan cuando juegan y, en cambio, subestiman la cantidad de calorías que consumen con patatas, ganchitos, galletas, chocolatinas, bollos, refrescos, batidos, etc.  Es necesario promover un cambio cultural para que los niños se acostumbren a hábitos más saludables, en ese sentido, el primer paso es limitar el exceso de productos hipercalóricos y bebidas azucaradas que toman.

Entre las recomendaciones para contribuir a que los niños y adolescentes mantengan un peso equilibrado y un buen estado de forma, podemos citar:

  • No darles aperitivos, dulces ni chucherías cuando practiquen deporte recreativo; esos juegos forman parte de la actividad física normal en niños.
  • Si tienen sed, que beban agua; las bebidas energéticas o “para deportistas” no son necesarias.
  • Hay que procurar que los niños hagan actividad física de algún tipo, al menos sesenta minutos al día.
  • Es necesario enseñar a los niños que no necesitan tener comida disponible a todas horas; sus cuerpos están hechos para llenar sus depósitos de energía con cada comida regular, para que esta dure hasta la próxima comida, sin necesidad de picar entre horas.
  • Comer tiene por objeto saciar el hambre. La comida no debe usarse para mantener a los niños entretenidos, ni como recompensa, ni para calmar la ansiedad u otras emociones intensas.

Para evitar el riesgo de sobrealimentar a nuestros hijos y que éstos mantengan un peso saludable, los padres debemos entender que jugar y hacer deporte para divertirse no les requiere un esfuerzo extraordinario, sino que es parte de su actividad normal.

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Sobre la Instructora
Paternidad Proactiva
Dra. Deanna Marie Mason PhD
Mas de 20 años de experiencia clínica ayudando a familias: Licenciada en Enfermería, Máster en Práctica Avanzada de Enfermería: Pedriatric Nurse Practitioner y Doctorado (PhD) en enfermería. Profesora universitaria, especialista en educación del paciente, investigadora pediátrica, colaboración con publicaciones científicas internacionales de primer nivel, actividad filantrópica continuada relacionada con la promoción de la salud y el bienestar, esposa y madre de dos hijos.